La Batalla de los Presupuestos: Nuevos frentes en las guerras de Afganistán e IrakPublicado 3/3/2011
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Publicado el 3 de marzo de 2011
Por Amy Goodman
Wisconsin, Indiana, Ohio, Idaho...estos son los últimos frentes en la batalla de los presupuestos, con una lucha más amplia que se asoma a raíz de la posible represión por parte del gobierno de Estados Unidos. Estas luchas, que surgen de la ocupación del edificio del Capitolio de Wisconsin, tienen como telón de fondo las dos guerras que Estados Unidos lleva adelante en Irak y Afganistán. No puede haber una discusión ni un debate sobre presupuestos, salarios, jubilaciones, ni déficits, sin un análisis claro de cuáles son los costos de estas guerras y los beneficios incalculables de poner fin a las mismas.
En primer lugar, el costo de la guerra. Estados Unidos gasta alrededor de 2.000 millones de dólares a la semana solamente en Afganistán, lo que representa alrededor de 104.000 millones de dólares al año – y esto sin incluir Irak. Comparemos esta cifra con el déficit del presupuesto estatal. Según un reciente informe del grupo independiente Centro sobre Prioridades Presupuestarias y Políticas, "alrededor de 45 estados más el Distrito de Columbia proyectan déficits presupuestarios de un total de 125.000 millones de dólares para el año fiscal 2012".
Las cuentas son sencillas: el dinero debería ir a los estados, en lugar de gastarlo en un estado de guerra.
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© 2010 Amy Goodman
Noticias- Denuncias- Reporte desde el lugar de los hechos- Periodismo Social, Libre, Militante No somos neutrales, estamos junto a los vulnerables, que Luchan contra los Abusos y se niegan a ser esclavos.
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04 marzo, 2011
Columna de Amy Goodman, 3 de marzo de 2011- Levantamientos populares: de Medio Oriente al Medio Oeste
24 septiembre, 2009
No nos convirtamos en el mal que deploramos-Amy Goodman
No nos convirtamos en el mal que deploramos
Por Amy Goodman
17 de septiembre de 2009
Escuche
El 14 de septiembre de 2001, la Cámara de Representantes de Estados Unidos consideró la Resolución Conjunta 64 “Para autorizar el uso de las Fuerzas Armadas estadounidenses contra los responsables de los recientes ataques lanzados contra Estados Unidos”. La herida del 11 de septiembre estaba abierta aún, y la sed de venganza parecía universal. La votación de la Cámara fue notable, comparada con el partidismo extremo que ahora es evidente en el Congreso, ya que 420 diputados votaron a favor de la resolución. Pero más llamativo aún fue el único voto en contra, emitido por Barbara Lee de San Francisco. Lee inició su declaración sobre la resolución diciendo: “Hoy me alzo con mucho pesar en mi corazón, con un profundo dolor por los familiares y los seres queridos que murieron y resultaron heridos en Nueva York, Virginia y Pennsylvania. Solo los más tontos o los más despiadados no comprenderían el dolor que ha paralizado al pueblo estadounidense y a millones de personas en todo el mundo. Este terrible ataque contra Estados Unidos me ha hecho confiar en mi brújula moral, en mi conciencia y mi Dios para orientarme." Se podía sentir su emoción mientras hablaba ante la Cámara de Representantes. La congresista Lee continuó:
“El 11 de septiembre cambió el mundo. Nuestros más profundos miedos nos atormentan ahora. Sin embargo, estoy convencida de que la acción militar no evitará otros atentados de terrorismo internacional contra Estados Unidos. Este es un tema muy complejo y complicado. Sé que esta resolución para el uso de fuerza será aprobada a pesar de que todos sabemos que el Presidente puede declarar una guerra incluso sin esta resolución. Sin embargo, por más difícil que parezca esta votación, algunos de nosotros debemos exhortar a ejercer la moderación. Nuestro país está de luto. Algunos debemos decir ‘retrocedamos un momento, hagamos una pausa por tan sólo un minuto y pensemos bien en las repercusiones de nuestras acciones hoy, para que esto no se salga de control’."
El Senado también aprobó la resolución en una votación unánime de 98 votos, y la envió al entonces Presidente George W. Bush. Lo que Bush hizo con esta autorización, y con la autorización de ir a guerra con Irak un año más tarde, podría decirse que se ha convertido en la mayor catástrofe de política exterior en la historia de Estados Unidos. La cuestión que se presenta ahora es qué hará el Presidente Barack Obama con Afganistán.
El 7 de octubre ingresaremos en el noveno año de la ocupación estadounidense de Afganistán, la misma cantidad de años que la suma de la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea juntas. Obama centró su campaña en su oposición a la guerra de Irak, pero al mismo tiempo prometió enviar más soldados a Afganistán. El primer viernes de su presidencia, las fuerzas armadas del Comandante en Jefe Obama lanzaron tres misiles Hellfire desde un avión no tripulado en Pakistán, dejando un saldo de 22 muertos, en su mayoría civiles, entre ellos mujeres y niños. Obama aumentó el número de soldados estadounidenses en Afganistán en más de 20.000, llevando la cifra total a 61.000. Esto sin contar a los contratistas privados en Afganistán, que ahora superan el número de soldados. Y está previsto que el nuevo comandante de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en Afganistán, el General Stanley McChrystal, solicite aun más soldados.
Agosto de 2009 fue el mes en que se registraron más muertes de soldados estadounidenses en Afganistán hasta el momento, alcanzando 51 bajas, y 2009 es por lejos el año en que se registraron más muertes, con 200 soldados estadounidenses muertos hasta el momento. Estas estadísticas no incluyen la cantidad de soldados que se suicidaron luego de regresar al país, ni los que resultaron heridos, y definitivamente no incluye el número de afganos muertos. Según información reciente, los ataques también son cada vez más sofisticados. Entonces no debería sorprendernos que cada vez haya más comparaciones entre Afganistán y Vietnam.
Cuando el New York Times le preguntó al Presidente Obama acerca de esta comparación, Obama respondió: “Es preciso aprender las lecciones de la historia. Por otro lado, cada momento histórico es diferente. No nos bañamos dos veces en el mismo río. Y Afganistán no es Vietnam…Los peligros de ir más allá de nuestras posibilidades y no tener metas claras y no tener un fuerte apoyo del pueblo estadounidense, esos son los temas en los que pienso todo el tiempo”.
Según una reciente encuesta de CNN/Opinion Research, el 57 por ciento de las personas consultadas se opone a la guerra de Estados Unidos en Afganistán, el nivel más alto de oposición desde que comenzó la guerra en 2001. Entre los encuestados, el 75 por ciento de los demócratas se opuso a la guerra, lo que podría explicar las recientes declaraciones de importantes congresistas demócratas contra el envío de más soldados a Afganistán. La Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo el jueves pasado: “No creo que haya mucho apoyo al envío de más soldados a Afganistán ni en el país ni en el Congreso”, y sumó así su voz a las del senador demócrata de Wisconsin, Russ Feingold, y al senador demócrata de Michigan y presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, Carl Levin.
El presidente Obama dijo en su discurso sobre el sistema de asistencia de salud ante la sesión conjunta del Congreso: “El plan que propongo costará alrededor de 900.000 millones de dólares a lo largo de 10 años, menos de lo que hemos gastado en las guerras de Irak y Afganistán”.
El Presidente Lyndon Johnson propició la escalada de la guerra de Vietnam y finalmente decidió no postularse a la reelección. Pero también aprobó el plan de salud Medicare, el ponderado programa universal de seguro de salud de pagador único para personas de la tercera edad. La congresista Barbara Lee comparó en forma profética la invasión de Afganistán con la guerra de Vietnam en su discurso de 2001 y cerró su intervención citando al Reverendo Nathan Baxter, deán de la Catedral Nacional: “Al actuar, no nos convirtamos en el mal que deploramos”.
_________________________
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2009 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. Es coautora del libro “Standing Up to the Madness: Ordinary Heroes in Extraordinary Times,” recientemente publicado en edición de bolsillo.
Por Amy Goodman
17 de septiembre de 2009
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El 14 de septiembre de 2001, la Cámara de Representantes de Estados Unidos consideró la Resolución Conjunta 64 “Para autorizar el uso de las Fuerzas Armadas estadounidenses contra los responsables de los recientes ataques lanzados contra Estados Unidos”. La herida del 11 de septiembre estaba abierta aún, y la sed de venganza parecía universal. La votación de la Cámara fue notable, comparada con el partidismo extremo que ahora es evidente en el Congreso, ya que 420 diputados votaron a favor de la resolución. Pero más llamativo aún fue el único voto en contra, emitido por Barbara Lee de San Francisco. Lee inició su declaración sobre la resolución diciendo: “Hoy me alzo con mucho pesar en mi corazón, con un profundo dolor por los familiares y los seres queridos que murieron y resultaron heridos en Nueva York, Virginia y Pennsylvania. Solo los más tontos o los más despiadados no comprenderían el dolor que ha paralizado al pueblo estadounidense y a millones de personas en todo el mundo. Este terrible ataque contra Estados Unidos me ha hecho confiar en mi brújula moral, en mi conciencia y mi Dios para orientarme." Se podía sentir su emoción mientras hablaba ante la Cámara de Representantes. La congresista Lee continuó:
“El 11 de septiembre cambió el mundo. Nuestros más profundos miedos nos atormentan ahora. Sin embargo, estoy convencida de que la acción militar no evitará otros atentados de terrorismo internacional contra Estados Unidos. Este es un tema muy complejo y complicado. Sé que esta resolución para el uso de fuerza será aprobada a pesar de que todos sabemos que el Presidente puede declarar una guerra incluso sin esta resolución. Sin embargo, por más difícil que parezca esta votación, algunos de nosotros debemos exhortar a ejercer la moderación. Nuestro país está de luto. Algunos debemos decir ‘retrocedamos un momento, hagamos una pausa por tan sólo un minuto y pensemos bien en las repercusiones de nuestras acciones hoy, para que esto no se salga de control’."
El Senado también aprobó la resolución en una votación unánime de 98 votos, y la envió al entonces Presidente George W. Bush. Lo que Bush hizo con esta autorización, y con la autorización de ir a guerra con Irak un año más tarde, podría decirse que se ha convertido en la mayor catástrofe de política exterior en la historia de Estados Unidos. La cuestión que se presenta ahora es qué hará el Presidente Barack Obama con Afganistán.
El 7 de octubre ingresaremos en el noveno año de la ocupación estadounidense de Afganistán, la misma cantidad de años que la suma de la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea juntas. Obama centró su campaña en su oposición a la guerra de Irak, pero al mismo tiempo prometió enviar más soldados a Afganistán. El primer viernes de su presidencia, las fuerzas armadas del Comandante en Jefe Obama lanzaron tres misiles Hellfire desde un avión no tripulado en Pakistán, dejando un saldo de 22 muertos, en su mayoría civiles, entre ellos mujeres y niños. Obama aumentó el número de soldados estadounidenses en Afganistán en más de 20.000, llevando la cifra total a 61.000. Esto sin contar a los contratistas privados en Afganistán, que ahora superan el número de soldados. Y está previsto que el nuevo comandante de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en Afganistán, el General Stanley McChrystal, solicite aun más soldados.
Agosto de 2009 fue el mes en que se registraron más muertes de soldados estadounidenses en Afganistán hasta el momento, alcanzando 51 bajas, y 2009 es por lejos el año en que se registraron más muertes, con 200 soldados estadounidenses muertos hasta el momento. Estas estadísticas no incluyen la cantidad de soldados que se suicidaron luego de regresar al país, ni los que resultaron heridos, y definitivamente no incluye el número de afganos muertos. Según información reciente, los ataques también son cada vez más sofisticados. Entonces no debería sorprendernos que cada vez haya más comparaciones entre Afganistán y Vietnam.
Cuando el New York Times le preguntó al Presidente Obama acerca de esta comparación, Obama respondió: “Es preciso aprender las lecciones de la historia. Por otro lado, cada momento histórico es diferente. No nos bañamos dos veces en el mismo río. Y Afganistán no es Vietnam…Los peligros de ir más allá de nuestras posibilidades y no tener metas claras y no tener un fuerte apoyo del pueblo estadounidense, esos son los temas en los que pienso todo el tiempo”.
Según una reciente encuesta de CNN/Opinion Research, el 57 por ciento de las personas consultadas se opone a la guerra de Estados Unidos en Afganistán, el nivel más alto de oposición desde que comenzó la guerra en 2001. Entre los encuestados, el 75 por ciento de los demócratas se opuso a la guerra, lo que podría explicar las recientes declaraciones de importantes congresistas demócratas contra el envío de más soldados a Afganistán. La Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo el jueves pasado: “No creo que haya mucho apoyo al envío de más soldados a Afganistán ni en el país ni en el Congreso”, y sumó así su voz a las del senador demócrata de Wisconsin, Russ Feingold, y al senador demócrata de Michigan y presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, Carl Levin.
El presidente Obama dijo en su discurso sobre el sistema de asistencia de salud ante la sesión conjunta del Congreso: “El plan que propongo costará alrededor de 900.000 millones de dólares a lo largo de 10 años, menos de lo que hemos gastado en las guerras de Irak y Afganistán”.
El Presidente Lyndon Johnson propició la escalada de la guerra de Vietnam y finalmente decidió no postularse a la reelección. Pero también aprobó el plan de salud Medicare, el ponderado programa universal de seguro de salud de pagador único para personas de la tercera edad. La congresista Barbara Lee comparó en forma profética la invasión de Afganistán con la guerra de Vietnam en su discurso de 2001 y cerró su intervención citando al Reverendo Nathan Baxter, deán de la Catedral Nacional: “Al actuar, no nos convirtamos en el mal que deploramos”.
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2009 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. Es coautora del libro “Standing Up to the Madness: Ordinary Heroes in Extraordinary Times,” recientemente publicado en edición de bolsillo.
01 junio, 2009
DN!: Los torturadores deberian ser castigados-EEUU
Se autoriza la publicación. Poner favor escríbanos a spanish@democracynow.org para avisarnos donde se publica y también si hay estaciones de radio que quieran emitir el audio que se encuentra disponible todos los viernes en www.democracynow.org/es
Los torturadores deberían ser castigados
EscuchePor Amy GoodmanSPOKANE, Washington —
George W. Bush afirmó insistentemente que Estados Unidos no practicaba la tortura.Sin embargo, los cuatro memorandos de la Oficina de Consejo Legal de la época de Bush, publicados la semana pasada por el Departamento de Justicia del gobierno de Barack Obama, pintan un panorama totalmente diferente. Los memorandos desclasificados dieron autorización legal para aplicar “técnicas severas de interrogatorio” utilizadas por el gobierno de Bush durante los años posteriores al 11 de septiembre de 2001. Autorizaron—como enumera el memorando del 1° de agosto de 2002, del entonces Vice Fiscal General Jay Bybee—a “golpear a los detenidos contra una pared, abofetearlos en el rostro, confinarlos en condiciones de hacinamiento, obligarlos a permanecer de pie contra una pared sosteniéndose con los dedos, forzarlos a permanecer en posiciones incómodas, privarlos del sueño, colocar insectos en una celda de confinamiento, y [permitieron] el submarino”.Según la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), durante el gobierno de Bush, la Oficina de Consejo Legal “se convirtió en la facilitadora de la conducta ilegal del gobierno, publicando docenas de memorandos con la finalidad de permitir graves violaciones al derecho nacional e internacional”.Los memorandos autorizan lo que el Comité Internacional de la Cruz Roja denominó, en un informe filtrado, “trato y técnicas de interrogatorio (…) equiparables a la tortura”.Estas técnicas de tortura fueron desarrolladas por dos psicólogos de Spokane, Washington: James Mitchell y Bruce Jessen. Su empresa, Mitchell, Jessen & Associates, brindó capacitación especializada a miembros de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para lidiar con la captura por parte de fuerzas enemigas. El programa de entrenamiento se llama SERE, sigla que significa Sobrevivencia, Evasión, Resistencia, Escape. Mitchell y Jessen, ambos psicólogos, fueron contratados por el gobierno de Estados Unidos para entrenar a interrogadores en técnicas que, según afirmaron, harían desmoronar a los prisioneros.Utilizaron la técnica SERE en un sentido inverso. Esta técnica había sido desarrollada originalmente para ayudar a la gente a soportar y sobrevivir a la tortura. En cambio, ellos la utilizaron para entrenar a una nueva generación de torturadores.La periodista Katherine Eban escribió un artículo de denuncia sobre Mitchell y Jessen en 2007, denominado “Rorschach y Awe”. Le pregunté sobre ellos a la luz de los memorandos de tortura. Describió a Mitchell y Jessen de la siguiente manera: “Eran, ya sabes, académicos que querían estar de algún modo en la palestra operativa, que es un plano muy atractivo para estar. Pero, de hecho, eran profesores y supervisores del programa SERE, donde solamente monitoreaban el bienestar de los soldados. No eran científicos. No tenían datos, según mis fuentes, para demostrar que al invertir estas tácticas, serían efectivas para obtener información. Entonces, la descripción que obtuve, también de colegas suyos, es que estos tipos eran amateurs. Ya sabes, psicólogos amateurs, como el personaje de Jodie Foster en el Silencio de los Inocentes. Y no lo eran. Pero, aparentemente, –y ahora podemos ver realmente el alcance de esto– fueron muy convincentes al vender el uso de estas tácticas a la CIA”.Los memorandos brindan detalles atroces de las torturas implementadas. El submarino fue utilizado cientos de veces en una serie de prisioneros. El memorando de Bybee incluye esta autorización kafkiana: “Les gustaría colocar a [Abu] Zubaydah en una celda de confinamiento con un insecto. Nos informaron que, al parecer, él tiene miedo a los insectos. En particular, les gustaría decirle a Zubaydah que pretenden colocar un insecto que pica en la celda junto con él”.Luego de que el Presidente Barack Obama dijo que no debería haber procesamientos, esta semana fue recibido en la CIA con bombos y platillos. Le pregunté a Mark Benjamin, el periodista que inicialmente reveló la noticia de Mitchell y Jessen, acerca de la postura de Obama. Y esto fue lo que me dijo: “Si te fijas en las declaraciones del Presidente y las unes a las declaraciones de Rahm Emanuel, el Jefe de Gabinete, y de Eric Holder, el Fiscal General (…) verás que en los últimos días el gobierno de Obama anunció que nadie, ni la gente que llevó a cabo el programa de tortura, ni los que diseñaron el programa, ni la gente que autorizó el programa, ni quienes dijeron que era legal –a pesar de que sabían que honestamente no lo era– ninguna de esas personas afrontará cargos. El Fiscal General anunció que el gobierno, además, pagará los honorarios legales de las personas en contra de las que se hayan presentado cargos en cualquier parte del mundo, o que tengan que comparecer ante el Congreso. Les proporcionarán abogados (…), les han dado inmunidad total (…) a cambio de nada”.La Presidenta del Comité de Inteligencia del Senado, Dianne Feinstein, le pidió a Obama que postergara la decisión de descartar los procesamientos hasta que su Comité termine una investigación que completará en los próximos seis meses. Mientras que Obama promete dejar libres a los torturadores, otros los están buscando. Bybee, actualmente, se desempeña como juez federal. Movimientos de base, desde Common Cause (Causa Común) hasta el Centro por los Derechos Constitucionales, están solicitando al Congreso que presente una acusación formal en su contra. En España, el juez Baltasar Garzón—que logró el procesamiento del dictador chileno Augusto Pinochet por crímenes de lesa humanidad— tiene a Bybee y a otros cinco funcionarios del gobierno de Bush en la mira de futuros procesamientos.Durante años, la gente ha sentido que se ha dado la cabeza contra una pared (y algunos sufrieron esto literalmente, como lo detallan los memorandos). Sin embargo, el día en que se celebraron las elecciones nacionales, parecía que esa pared se había convertido en una puerta. Pero la puerta está apenas entreabierta. Si se abre de una patada o se cierra de un portazo, no depende del Presidente. Aunque posiblemente él ocupe el cargo de mayor poder en la Tierra, hay una fuerza más poderosa: la gente comprometida que exige un cambio. Necesitamos un criterio universal de justicia. Los torturadores deberían ser castigados.————————————————— Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.Amy Goodman es presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora de duración que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. En 2008 fue distinguida con el “Right Livelihood Award”, también conocido como el “Premio Nobel Alternativo”, otorgado en el Parlamento Sueco en diciembre.© 2009 Amy GoodmanTexto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Los torturadores deberían ser castigados
EscuchePor Amy GoodmanSPOKANE, Washington —
George W. Bush afirmó insistentemente que Estados Unidos no practicaba la tortura.Sin embargo, los cuatro memorandos de la Oficina de Consejo Legal de la época de Bush, publicados la semana pasada por el Departamento de Justicia del gobierno de Barack Obama, pintan un panorama totalmente diferente. Los memorandos desclasificados dieron autorización legal para aplicar “técnicas severas de interrogatorio” utilizadas por el gobierno de Bush durante los años posteriores al 11 de septiembre de 2001. Autorizaron—como enumera el memorando del 1° de agosto de 2002, del entonces Vice Fiscal General Jay Bybee—a “golpear a los detenidos contra una pared, abofetearlos en el rostro, confinarlos en condiciones de hacinamiento, obligarlos a permanecer de pie contra una pared sosteniéndose con los dedos, forzarlos a permanecer en posiciones incómodas, privarlos del sueño, colocar insectos en una celda de confinamiento, y [permitieron] el submarino”.Según la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), durante el gobierno de Bush, la Oficina de Consejo Legal “se convirtió en la facilitadora de la conducta ilegal del gobierno, publicando docenas de memorandos con la finalidad de permitir graves violaciones al derecho nacional e internacional”.Los memorandos autorizan lo que el Comité Internacional de la Cruz Roja denominó, en un informe filtrado, “trato y técnicas de interrogatorio (…) equiparables a la tortura”.Estas técnicas de tortura fueron desarrolladas por dos psicólogos de Spokane, Washington: James Mitchell y Bruce Jessen. Su empresa, Mitchell, Jessen & Associates, brindó capacitación especializada a miembros de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para lidiar con la captura por parte de fuerzas enemigas. El programa de entrenamiento se llama SERE, sigla que significa Sobrevivencia, Evasión, Resistencia, Escape. Mitchell y Jessen, ambos psicólogos, fueron contratados por el gobierno de Estados Unidos para entrenar a interrogadores en técnicas que, según afirmaron, harían desmoronar a los prisioneros.Utilizaron la técnica SERE en un sentido inverso. Esta técnica había sido desarrollada originalmente para ayudar a la gente a soportar y sobrevivir a la tortura. En cambio, ellos la utilizaron para entrenar a una nueva generación de torturadores.La periodista Katherine Eban escribió un artículo de denuncia sobre Mitchell y Jessen en 2007, denominado “Rorschach y Awe”. Le pregunté sobre ellos a la luz de los memorandos de tortura. Describió a Mitchell y Jessen de la siguiente manera: “Eran, ya sabes, académicos que querían estar de algún modo en la palestra operativa, que es un plano muy atractivo para estar. Pero, de hecho, eran profesores y supervisores del programa SERE, donde solamente monitoreaban el bienestar de los soldados. No eran científicos. No tenían datos, según mis fuentes, para demostrar que al invertir estas tácticas, serían efectivas para obtener información. Entonces, la descripción que obtuve, también de colegas suyos, es que estos tipos eran amateurs. Ya sabes, psicólogos amateurs, como el personaje de Jodie Foster en el Silencio de los Inocentes. Y no lo eran. Pero, aparentemente, –y ahora podemos ver realmente el alcance de esto– fueron muy convincentes al vender el uso de estas tácticas a la CIA”.Los memorandos brindan detalles atroces de las torturas implementadas. El submarino fue utilizado cientos de veces en una serie de prisioneros. El memorando de Bybee incluye esta autorización kafkiana: “Les gustaría colocar a [Abu] Zubaydah en una celda de confinamiento con un insecto. Nos informaron que, al parecer, él tiene miedo a los insectos. En particular, les gustaría decirle a Zubaydah que pretenden colocar un insecto que pica en la celda junto con él”.Luego de que el Presidente Barack Obama dijo que no debería haber procesamientos, esta semana fue recibido en la CIA con bombos y platillos. Le pregunté a Mark Benjamin, el periodista que inicialmente reveló la noticia de Mitchell y Jessen, acerca de la postura de Obama. Y esto fue lo que me dijo: “Si te fijas en las declaraciones del Presidente y las unes a las declaraciones de Rahm Emanuel, el Jefe de Gabinete, y de Eric Holder, el Fiscal General (…) verás que en los últimos días el gobierno de Obama anunció que nadie, ni la gente que llevó a cabo el programa de tortura, ni los que diseñaron el programa, ni la gente que autorizó el programa, ni quienes dijeron que era legal –a pesar de que sabían que honestamente no lo era– ninguna de esas personas afrontará cargos. El Fiscal General anunció que el gobierno, además, pagará los honorarios legales de las personas en contra de las que se hayan presentado cargos en cualquier parte del mundo, o que tengan que comparecer ante el Congreso. Les proporcionarán abogados (…), les han dado inmunidad total (…) a cambio de nada”.La Presidenta del Comité de Inteligencia del Senado, Dianne Feinstein, le pidió a Obama que postergara la decisión de descartar los procesamientos hasta que su Comité termine una investigación que completará en los próximos seis meses. Mientras que Obama promete dejar libres a los torturadores, otros los están buscando. Bybee, actualmente, se desempeña como juez federal. Movimientos de base, desde Common Cause (Causa Común) hasta el Centro por los Derechos Constitucionales, están solicitando al Congreso que presente una acusación formal en su contra. En España, el juez Baltasar Garzón—que logró el procesamiento del dictador chileno Augusto Pinochet por crímenes de lesa humanidad— tiene a Bybee y a otros cinco funcionarios del gobierno de Bush en la mira de futuros procesamientos.Durante años, la gente ha sentido que se ha dado la cabeza contra una pared (y algunos sufrieron esto literalmente, como lo detallan los memorandos). Sin embargo, el día en que se celebraron las elecciones nacionales, parecía que esa pared se había convertido en una puerta. Pero la puerta está apenas entreabierta. Si se abre de una patada o se cierra de un portazo, no depende del Presidente. Aunque posiblemente él ocupe el cargo de mayor poder en la Tierra, hay una fuerza más poderosa: la gente comprometida que exige un cambio. Necesitamos un criterio universal de justicia. Los torturadores deberían ser castigados.————————————————— Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.Amy Goodman es presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora de duración que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. En 2008 fue distinguida con el “Right Livelihood Award”, también conocido como el “Premio Nobel Alternativo”, otorgado en el Parlamento Sueco en diciembre.© 2009 Amy GoodmanTexto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
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