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06 noviembre, 2018

Conclusiones de las primeras Jornadas de Reflexión en Ciencias Sociales: Agronegocios, alternativas y resistencias (Paraguay, 2018)

Conclusiones de las primeras Jornadas de Reflexión en Ciencias Sociales: Agronegocios, alternativas y resistencias.
El pasado 12 y 13 de octubre en Asunción Paraguay, referentes académicos, de organizaciones sociales, militantes y profesionales de distintas disciplinas nos hemos reunido para debatir sobre los impactos y consecuencias del avance de los agronegocios en América Latina y las respuestas ejercidas por las poblaciones locales. Diferentes exposiciones nos han ayudado a caracterizar la “crisis guasú”, tal como ha sido definida por una lideresa campesina paraguaya, que atraviesan nuestros pueblos y que se define por la migración del campo a la ciudad (¿cómo vamos a defender la agricultura familiar si solo quedan adultos y adultos mayores en la chacra?); el despojo que afecta principalmente a jóvenes y mujeres; el sufrimiento y los padecimientos sociales de las poblaciones marginadas; el genocidio de los pueblos indígenas; los feminicidios; el endeudamiento de los sectores trabajadores; el Estado puesto al servicio de los intereses de las transnacionales, desde los tres poderes de Estado; incumpliendo sus obligaciones de protección de derechos de las comunidades, ahogando en burocracia los proyectos de las organizaciones, y perpetrando la criminalización  y encarcelamiento de líderes y lideresas, a través del nuevo brazo represivo de los movimientos sociales representado por el Ministerio Público y el Poder Judicial.
Hemos visto en las diferentes ponencias que los problemas no se vinculan únicamente a la producción sojera, sino a diversos cultivos y actividades: arroz, maíz, biotecnologías, ganadería intensiva, etc. Esta forma de producción del agronegocio se diferencia de la diversificada que propone el modelo campesino. Las distancias radican en que este último se basa en la pequeña escala y en realizar una vida en el territorio. Las campesinas y campesinos producen para comer y comen lo que producen.
A lo largo de su historia, el campesinado ha ejercido diferentes formas de resistencias frente a la agresión de los agronegocios: vive en familia y también en comunidad, en solidaridad y reciprocidad; defiende sus costumbres, su experiencia, el tiempo “de antes”; se organiza y lucha por la tierra y la defensa de su propia producción. La pobreza material no se traduce en pobreza relacional y de vínculos. Hay familias campesinas que producen sin veneno o intentan convertirse a la agricultura agroecológica. Sin embargo los estudios presentados dan cuenta que aun esas familias presentan índices de contaminación con glifosato debido a las fumigaciones de los sojales que las rodean. Entonces no alcanza con resistir, no alcanza con persistir y no alcanza con vivir alternativamente, sin desmerecer el esfuerzo que ello implica. Se trata de transformar la realidad, más aún en la coyuntura actual donde los clanes fascistas asechan los países y los territorios.
Revisar críticamente el avance del agronegocio, las alternativas y las resistencias desde una perspectiva interdisciplinaria nos ha permitido conocer y exponer la realidad de regiones, sectores y comunidades diversas. A lo largo de dos días, las y los ponentes hicieron visibles una serie de problemáticas que nos son comunes, a distintivas velocidades y temporalidades. Como latinoamericanos nos compete analizar en profundidad este proceso. Las imposiciones desde el Estado, los organismos privados, los órganos supranacionales, se enfrentan a una resistencia continua.
¿Qué hacer para proteger la salud, los ambientes naturales, salvaguardar las comunidades, las familias y nuestros códigos culturales? Hemos finalizado con ideas puntuales, pero no solo importa el debate en profundidad, debemos pensar y exponer formas propositivas. Han surgido varios temas que merecen tratamiento en futuros encuentros: procesos de salud, seguridad y soberanía alimentaria, cambio climático y efectos en la agricultura, cadenas globales de valor y desarrollo regional, adscripciones religiosas y comunidades agrícolas, entre otras.
Uno de los principales desafíos continúa siendo involucrar y afectar a las universidades y al campo académico. Pese a que muchos de nosotrxs somos universitarios, investigadores, científicxs, docentes, la universidad se encuentra, como espacio, muchas veces ausente de esta agenda crítica. En Paraguay, la mayor parte de las investigaciones presentadas se hicieron  fuera de las Universidades. Citando las reflexiones de Bartolomeu Meliá al inicio de las jornadas, nuestro trabajo como intelectuales se encuentra muchas veces atravesado por contradicciones y éstas se resumen en la expresión encuentros/desencuentros.
Hemos visto diferentes escenarios, en primer lugar, las diferencias entre los intelectuales y los expertos en conocimientos, estos últimos asociados a un papel de instrumentación de los agronegocios, tal como lo vemos en eventos como ferias y congresos organizados por las empresas para legitimar su modelo. Allí se observa la “universidad herramienta” que responde a los intereses de los grandes empresarios, que la universidad renuncia a ser un espacio humanístico para convertirse en un nexo con el mercado. Entonces, el segundo escenario resume los conflictos entre modelos y nos convoca a debatir cómo vamos a posicionarnos en la academia frente a estos conflictos, entonces surge la pregunta, ¿cómo podemos contribuir a aportar a un nuevo modelo y a una nueva utopía?, ¿podemos imaginar que en la academia hay una coexistencia de modelos?, en ese caso el intelectual sería una especie de “traductor” entre modelos, intérprete de las dos realidades. En tercer lugar, frente al escenario de conflicto y resistencia, aparece un intelectual militante, comprometido, que contribuye a la visibilidad de realidades, un aliado que permite trabajar sobre nuevos marcos legales, conceptos y nuevos paradigmas. Finalmente, se encuentra el intelectual que reinterpreta los viejos modelos extractivos presentándolos como sustentables, respondiendo a una universidad que no se renueva y que solo cambia en la fachada. En resumen, en estos escenarios deberíamos posicionarnos cuando hablamos de “academia”.
Frente a estos cambios que afectan más que el campo económico o productivo, son cambios de paradigmas o de modelo de sociedad, necesitamos la construcción de un nuevo imaginario, pues los saberes no son aislados sino que responden a una representación del mundo. Tenemos que construir una nueva forma de ver y pensar el mundo.
Si hablamos de la academia, nos toca hablar de los saberes y la circulación de los saberes. Esto incluye a los saberes tradicionales que chocan con las narrativas de progreso presentadas como conocimiento científico o racional. En estos dos días de jornadas hemos visto cómo los saberes están ligados al territorio, no están aislados sino que están conectados con realidades. El territorio y la naturaleza son el centro y el fundamento del pensamiento indígena y campesino, no son simples objetos de estudio.
Entonces, ¿cuáles son los conocimientos actuales que desde la academia podemos aportar?, ¿conocimientos de culturas dominantes?, ¿conocimientos y saberes políticos?, ¿la posibilidad de articular conocimientos? Esto plantea el problema del acceso al conocimiento. En muchas de las ponencias se ha puesto en cuestión el acceso a las bases de datos para poder producir los conocimientos.
En síntesis, aun cuando los intelectuales no tenemos un poder real, cual lo planteó Meliá en su disertación, tenemos que preguntarnos sobre las posibilidades y las formas de incidencia en la sociedad. Asimismo, si bien se entiende como una opción generar el debate en paralelo al espacio institucional de la universidad, también es preciso insistir para que la realidad y los debates sobre lo real ingresen a la universidad.
Comisión organizadora.

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