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07 marzo, 2017

45 días, 190 incidentes antisemitas: ¿Por qué nadie ha sido arrestado?

http://espacioconvergencia.com.ar/2/index.php/israel/3844-encender-y-avivar-el-fuego-antisemita-en-estados-unidos

Fuente: daniel.kupervaser.com     (1-03-2017)
La colectividad judía estadounidense está viviendo una amenazante oleada de antisemitismo. Así lo expresa muy preocupada Carol Nuriel, Directora Ejecutiva de la Liga Antidifamación, organización judía destinada a luchar contra toda forma de discriminación “Con posterioridad a las ultimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, somos testigos de una demostración de antisemitismo que inclusive en nuestros peores sueños, en nuestras pesadillas, no hubiésemos podido imaginar”[1].
El pánico parece que también cunde en los altos niveles de la política israelí. Ytzhak Herzog, el líder de la oposición, reclama del gobierno de Israel estar listos para recibir una masiva ola de judíos huyendo del antisemitismo estadounidense[2].

Llama la atención que al mismo tiempo y con el mismo énfasis con que describe la incertidumbre y temor que los ataques antisemitas causan a su colectividad, Nuriel trata de deslindar toda responsabilidad por los acontecimientos del nuevo presidente electo y su gobierno. Ésta líder del judaísmo estadounidense asegura que “los hechos no comenzaron con la elección de Trump. El principio fue anterior. En los primeros meses de la campaña fuimos testigos de expresiones en contra de judíos y en contra de periodistas judíos. Está claro que no se debe vincular estos sucesos con Trump personalmente. Trump no tiene ninguna conexión con el antisemitismo”.

Nuriel no es la única en exculpar rápidamente a Trump. Nir Moalem, Director de Contenidos del Canal 20 de Israel, el canal de la tradición judía nacionalista, sostiene que la responsabilidad de la creciente acometida antisemita en el presente es el resultado de una dejadez de la época de Obama[3]. Para el analista argentino Julian Schvindlerman “Obviamente Trump no es un judeófobo, pero deberá ser prolijo en su comportamiento”[4], Quien más defendió al flamante presidente estadounidense fue, por supuesto, Netanyahu. “No hay nadie quien apoye más al pueblo judío y al Estado Judío que el Presidente Donald Trump”, respondió el Primer Ministro de Israel ante una incisiva pregunta de un periodista israelí sobre la posible posición xenofóbica y racista de la nueva administración americana[5].

¿A qué se deben semejantes guantes de seda ante el flamante líder máximo de un país que está bajo el ataque de una ola antisemita sin precedentes? Simplemente se motiva por el hecho que ninguna institución judía estadounidense, ni tampoco ningún factor que simpatiza con las políticas del Primer Ministro israelí, está dispuesto a “arruinar” las nuevas e íntimas relaciones entre Netanyahu y Trump, principalmente ante la posibilidad que el nuevo Presidente estadounidense permita “blanquear y legitimar colonias judías en Cisjordania”.

Probablemente, y sin premeditación alguna, la mecha que prendió el fuego del antisemitismo en EE. UU la encendió Trump, pero el combustible que lo propaga y aviva lo acumularon previamente Netanyahu, unos millonarios judíos estadounidenses y directivos de ciertas organizaciones judías de ese país.

El reconocido analista Andres Oppenheimer es quien mejor describió la responsabilidad de Trump en el encendido de la chispa inicial de esta triste constelación. “Para ser justos, el Presidente Trump no es un antisemita, por lo menos en el sentido estricto del término. Pero uno tendría que vivir en otro planeta, o ver exclusivamente Fox News, para no darse cuenta de que sus palabras y acciones han llevado a la peor explosión de incidentes antisemitas en la memoria reciente de Estados Unidos. Trump creó este monstruo. Aunque probablemente Trump no tenga nada en contra del pueblo judío, ha desatado las fuerzas oscuras del racismo, la xenofobia y la intolerancia entre sus seguidores desde el primer día de su campaña presidencial. Y como figura pública, no se puede ser antimexicano, ni anti musulmán, ni burlarse de los discapacitados, ni decir que se puede agarrar a las mujeres por sus genitales, sin enviar un mensaje tácito de que está bien burlarse de las minorías, e involuntariamente alentar los crímenes de odio”[6].

Parte de aquellos receptores del mensaje tácito de Trump, que la elección presidencial demostró que no son una minoría despreciable, seguramente identificaron a la colectividad judía como un factor predominante que opera en contra de la consigna de Trump “América, primero para los americanos”. Un resumen del accionar de los últimos 8 años de Netanyahu, millonarios judíos y ciertas organizaciones judías del país del norte, los pudo convencer muy rápidamente que el liderazgo del poder democrático en EE. UU está siendo aprovechado, estrujado, y en ciertos casos hasta controlado y humillado por intereses judíos y del Estado Judío. Éste es el material inflamable que aviva el fuego antisemita que encendió Trump y hoy en día se está propagando en EE.UU.

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