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01 marzo, 2019

AMIA- Los Muertos no le interesan a los gobiernos-



Finalmente luego de más de veinte años, concluyó el juicio por el encubrimiento de la Masacre de AMIA (18/07/1994), sede de la mutual de la colectividad judía.

La vergonzante justicia argentina, suma un nuevo acto que repugna la conciencia. Más de veinte años, para condenar a los “encubridores”, gastos millonarios en dolares para nada.

Que paso ese 18 de Julio de 1994?.  Se masacraron 85 argentinos, en uno de los mayores atentados terroristas que sufriera Argentina. Quien lo hizo... no se sabe. Porque se hizo, no se sabe. Como, tampoco se sabe.

Que es lo que sabe?, mataron a 85 argentinos quedaron cientos de heridos, se removieron los escombros del bombazo, junto a los hierros retorcidos desaparecieron las pocas pruebas que podrían haber respondido las preguntas sin respuestas.

AMIA, no fue un hecho aislado, fue la consecuencia del atentado que se había realizado en la embajada de Israel, (17/03/1992) con un saldo de veintidós muertos y doscientos cuarenta y dos heridos, atentado impune, atentado acallado, escondido. Se escondió que hubo llamadas entre policías, antes del atentado, que los que tenían que custodiar el edificio, “casualmente” no estaban en sus puestos de guardia. Que la fiscalía dejo que todo se fuera cayendo por inacción. Lo mismo que en AMIA.

Embajada de Israel en Argentina- 1992

Apenas reventó la bomba aquel 18 de Julio de 1994, el lugar se lleno de gente, judíos, no judíos, extranjeros, todos ayudando a los tambaleantes sobrevivientes, revolviendo los restos humeantes en busca del milagro de la Vida. La conmoción apresurada, por sobreponerse al horror.

Al posarse el polvo del estallido, un acre olor a amoniaco invadió el lugar, al pasar las horas, se combinó con el olor a muerte, al llegar aquella primera noche, aun se buscaban sobrevivientes. Al llegar la noche las más altas autoridades de la comunidad judía, aun no estaban presentes. Comenzaron las preguntas, las versiones, las historias cotidianas. El estupor de descubrir, que muchos más, podrían haber caído en ese fatídico día, que por casualidad no llegaron a hacer el tramite, o a cumplir tareas, o a buscar trabajo, o...descubrir que pasadas las horas no aparecían los seres queridos. Aceptar la certeza del destino fatal que sufrieran.

La oscuridad trajo a los oscuros agentes, de la SIDE, del gobierno, de las fuerzas de seguridad, los políticos, deambulaban entre los restos tratando de pasar desapercibidos por el temor a ser increpados por los sobrevivientes, parientes, voluntarios. Ya se estaba gestando la maniobra de impunidad.

Era más importante qué se iba a decir, que descubrir las respuestas que aun hoy no se tienen.

Ya estaban enterrados en los escombros de la embajada, las victimas y la Verdad. Ya se estaban enterrando las victimas de AMIA, y definitivamente la Verdad.

Más de veinte años, para que el máximo responsable del “encubrimiento”, sea el ex juez Galeano, de aquellos que deambularon durante la primera noche y tejieron la maniobra ninguno fue juzgado. De los autores materiales, nada se sabe, de los responsables políticos tampoco, de la logística usada nada. De los dos desaparecidos, que aun quedaban, se supo recién hace dos años sus identidades, gracias a que a alguien del “equipo” de fiscales de AMIA, se le ocurrió hacer una muestra de ADN.

Mientras tanto, AMIA le sirve a la derecha israelí para agitar fantasmas de guerra, a la dirigencia de la comunidad judía de Argentina, para ubicar a sus cuadros en los gobiernos. También le sirve a los antisemitas, para sembrar su mensaje de odio, culpando a las victimas de su propia desgracia.

Le sirvió al ex fiscal Nisman, para transformarse en el “líder” de la lucha anti terrorista y “trabajar” como propagandista de los partidos de la derecha israelí, quienes solventaron con cuantiosas sumas de dinero su “colaboración”.

Justamente quien menos hizo para traer Justicia y Reparación a las Victimas sus familias y seres queridos, ese que se suicidara por desesperación y soledad. Aun se debe hacer Justicia, también con él, condenando a los insidiosxs canallas que lo indujeron a buscar su final.

Los muertos, heridos, seres queridos; hijos, padres, esposos, esposas, y todo el Pueblo Argentino, hemos recibido una nueva cachetada, un nuevo golpe bajo.

A los muertos de la embajada..., no los mató nadie.
A los muertos de AMIA, no los mato nadie...

Angel Fernandez Schejtman

-AMIA 1994-



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