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14 diciembre, 2017

CUANDO SER PERSONA, ES CASI MENOS QUE SER PERRO. (reflexión pronunciada por un hombre común)

CUANDO SER PERSONA, ES CASI MENOS QUE SER PERRO.

La fotografía en el periódico parece un montaje, pero al leer el epígrafe queda en claro que es una escena tomada en la llamada "city porteña" de Buenos Aires; en ella se puede ver a un hombre que en su prisa pasa por encima de un chico que duerme atravesado sobre la vereda, enfrente un perro también duerme a pocos centímetros del niño. Una imagen, un mensaje. A los pocos días un noticiero en televisión, muestra como un grupo numeroso de personas manifiestan frente a un centro veterinario, se los ve enfurecidos lanzando insultos en defensa de los perros allí depositados. Acusan a los directivos del lugar de propinar malos tratos, deficiente alimentación y falta de higiene, a los pobres perros. “La magia de la televisión”, que todo lo puede, nos muestra a continuación de la escena anterior a un grupo de mujeres con chicos en brazos, a su alrededor más chicos de todas la edades, sucios, casi desnudos, con signos de desnutrición. Este grupo al contrario del anterior es silencioso, apenas se mueven, no hay insultos, miran fijamente a través de la fila de policías que con sus uniformes antimotines los mira fieramente, la cámara muestra en dirección al centro de la escena, la entrada de un supermercado.

CUANDO LAS PALABRAS SON CONJUROS, HASTA LO INNEGABLE ES MENTIRA.

En la escena 1-, el cronista relata la indignación que produce el trato desalmado que se le propina a los indefensos perros, la cámara muestra el primer plano de los tristes ojos caninos detrás de las rejas. A su vez resalta la gesta heroica encarada por esas sensibles personas, quienes con una acción de generosa humanidad denuncia tamaña injusticia. Escena 2-, el mismo cronista relata de la siguiente manera; "...un grupo de "piqueteros" exigen que se les entregue alimentos bloqueando el ingreso al supermercado. Ante la amenaza la policía asegura la integridad de empleados y clientes." Reflexión de otro hombre común: "Las palabras vaciadas de contenido, cambiados los sentidos; se transforman en meros conjuros ilusionistas capaces de convencer que la ética humanista, siempre estuvo equivocada". Esto es tan así, que cuando vemos lo que vemos, creemos lo que nos dicen, por más que sea totalmente diferente. La magia de la "MASS MEDIA", en la que el dialogo es un monologo continuo y sin discusión, el sujeto activo emana sin parar y el sujeto pasivo (telespectador, oyente, lector, etc.), paga para consumir. Estos tres hechos me han llamado la atención, la foto del “hombre apresurado” sorteando a un chico que duerme tirado en la vereda, me recordó mi propia actitud ante una circunstancia parecida, me pregunté cuantos factores intervienen para que la indiferencia ante el drama ni siquiera me llame la atención, lo tomo como algo natural, sortear un chico es una cosa, pero no es lo mismo sortear a un perro, el perro se puede despertar y morderme, el chico a lo sumo extenderá la mano para pedir limosna y con solo una mirada lo puedo espantar. En la escena del centro veterinario, me pareció correcto que atacaran e insultaran a esos desalmados que maltratan a los perros, pero en ese lugar no había policías garantizando la integridad de los veterinarios, es más estos trataban de dialogar con los manifestantes explicando que por la baja de presupuesto que estaban sufriendo, no le podían dispensar un mejor trato a los animales; en respuesta los manifestantes les arrojaban bolsas de basura, huevos e insultos. ¿Cuanto habrá influido en mí el relato del cronista remarcando, la gesta emprendida por los vecinos?. Cuando de inmediato veo la escena del supermercado, veo personas pacificas, pobres de toda pobreza, con ojos de desesperación y suplica, no había banderas o estandartes, los chicos eran los emblemas y símbolos. Pero cuando los rotulan de “piqueteros” lo que persiguen es despersonalizarlos, mostrarlos como activistas políticos, pero eso no es lo que veo, igualmente termino creyendo que es así. La contradicción no se manifiesta, a pesar de que me queda una rara sensación. Y otra vez me pregunto ¿cuántos factores intervienen para que una persona sea menos que un perro? Espero que estas reflexiones me sirvan para estar atento, y ante la próxima oportunidad recuerde, que la persona es persona y el perro; perro. Esa persona excluida es un drama viviente y muestra de la injusticia social, no solo merece mi consideración si no también mi atención. Y para el perro callejero, abandonado, mi ternura y un hueso.
Angel Fernandez Schejtman

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